martes, 21 de febrero de 2012

... la biología llorica.

X: No creo que tu vida sea insignificante.

Y: Oh, no, obviamente eso es lo que dirás porque tú no crees en todas las estupideces que yo creo y..uh...¿de verdad? 
 
X: No.
 
Y: Pero hace un momento decías que la vida no tiene sentido, ¿Por qué...?
 
X: He cambiado de opinión.

Y: ¿Por qué? 
 
X: Los milagros termodinámicos. 
Acontecimientos tan improbables que son efectivamente imposibles, como que el oxígeno se convierta en oro. Deseo contemplar algo así. Pero en el apareamiento humano, mil millones de espermatozoides buscan un solo huevo. Multiplica eso por las poquísimas posibilidades de sobrevivir que tenían vuestros ancestros, de engendrar a un hijo en concreto...esa hija concreta...hasta que tu madre ama a un hombre a quien tiene todos los motivos para odiar, y de esa unión, de los miles de millones de niños que compiten por ser fertilizados, naces tú, SOLO TÚ. Destilar algo tan específico entre ese caos de improbabilidad es como convertir el aire en oro. Esa es la cúspide de la improbabilidad. 
El milagro termodinámico. 
 
Y: Pero y si mi nacimiento es un milagro termodinámico...¿Podrías decir lo mismo de cualquier persona?
 
X: Sí. De todo el mundo. Pero el mundo está tan lleno de gente. Tan lleno de estos milagros, que se vuelven habituales y los olvidamos...Yo lo olvido. Miramos tan a menudo al mundo, que se vuelve monótono a nuestra vista. Pero visto desde otra perspectiva, como si fuera nuevo, vuelve a ser asombroso.
Vamos sécate esas lagrimas porque eres vida, más rara que un Quark y más improbable que los sueños de Heisenberg; el barro en el que las fuerzas que dan forma a las cosas deja su huella de forma más clara. 
Sécate las lágrimas y vámonos a casa.

jueves, 9 de febrero de 2012

... la saturación.

Cuando no puedes más.
Cuando ves tu cabeza palpitar.
Cuando tu cuerpo no responde.
Cuando las palabras se te traban.
Cuando tu cabeza no sabe razonar.
Cuando el café es la base de tu dieta.
Cuando no puedes bajar las escaleras.
Cuando sabes que no estás escuchando.
Cuando te despiertas y dices: otra vez no.
Cuando te mareas al levantarte de una silla.
Cuando nadie entiende lo que estás diciendo.
Cuando te consuela saber que algún día acabará.
Cuando necesitas que te lo repitan todo tres veces.
Cuando llegas a casa, y no sabes por dónde empezar.
Cuando dejarías todo por estar más tiempo en la cama.
Cuando no saludas a nadie en el pasillo, porque no te sale.
Cuando sabes que nada de lo que estás diciendo tiene sentido.
Cuando tienes tantas cosas en la cabeza, que discuten entre ellas.
Cuando te preguntan: -¿estás bien? tienes mala cara. -Bueno, cansada.
Cuando sabes que necesitas descansar, pero también sabes que no te da tiempo.

Saturación, eres mujer.