domingo, 16 de diciembre de 2012
... el de siempre.
El que estaba ahí, el que te escuchaba, el que te hacía reír, el que no te dejaba marchar, con el que discutías y el que te hacía llorar.
El que ponía tu corazón a mil.
El que te hacía cosquillas, el que tenía las manos calientes y odiaba tus manos frías en su espalda, pero adoraba que le acariciases la espalda.
El que te llevaba, el que te traía, el que se ponía colorado de vergüenza, el que te llamaba tonta y preciosa.
El del lunar.
El de mi corazón. El que no me conquista porque no necesita conquistarme. Porque me tiene prendada.
Mi otra mitad. Al que cuidar, al que besar, al que hacer rabiar, al que querer, al que hacer el desayuno.
Él será el que me hinche.
Porque era él. El de siempre. El que nunca dejó de ser. Mi amor.
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