Esta vez él tenía 22.
No nos conocíamos absolutamente de nada. Pero nos miramos. Nos miramos, de una forma que no me había mirado con nadie. Todo empezó a difuminarse a nuestro alrededor. La gente, la música, la luz, el tiempo ... . Todo desapareció. Todo excepto él. Sus ojos, su mirar, sus gestos, su sonrisa (solo sonrisas), sus palabras, su pelo, su boca.
Sus ojos lloraban, mis ojos brillaban.
La parte inferior derecha de su iris, su pupila dilatada, el reflejo de la luz.
No parábamos de mirarnos. Solo existíamos él y yo. Nada más.
Y entonces, de repente, nos conocimos. Nos desnudamos ante el otro. Sacamos todos nuestros miedos, todos nuestros secretos, nuestras pasiones y nuestros deseos.
Y nuestras narices se rozaron.
- ¿Serías capaz de besarme sin apartar la mirada?
- No lo sé, pero puedo intentarlo.
Y nuestros labios se rozaron.
Y nuestros labios se abrieron.
Y nuestros labios se besaron.
Y reímos. Tablas.
Una mirada, solo una mirada.
Fundirse, ser uno, que no exista nada más.
Pero "él no es especial", "sólo es una visita y se irá, no puede ser parte de mi vida", "tendrá más cuidado la próxima vez".
Cuando se lo dije me correspondió, pero el frío me rechazó. No quería tener "cápsulas".
- Aprovechemos la cápsula en la que estamos.
- No, todo tiene su tiempo.
- Si quieres que me vaya me iré.
- No quiero que te vayas.
- Me voy.
- ...
- ... No puedo.
- ¿Por qué te resulta tan difícil? ¡Sólo soy una visita!
- [¿Por qué a ti te resulta tan fácil? ¿Es que no sentistes nada acaso?] No lo sé.
Repiración fuerte y rápida. Corazón a mil. Calor asfixiante. Movimiento.
- Tienes novio.
- Lo sé, no me importa.
- Así no vas a encontrar lo que buscas.
- A lo mejor sólo busco un polvo.
- No buscas un polvo.
Él no quería sentir nada más. No se atrevía a mirarme.
- ¿Por qué no me miras?
- Me gusta tener los ojos cerrados.
- No. Tienes miedo a mirarme.
- ... No debí mirarte tan pronto.
Lo estaba pasando fatal, pero estaba en la gloria.
- Me voy.
- No lo parece.
- Hay algo que no me deja. No sé lo que es.
- No vas a encontrar lo que buscas.
- Tampoco se lo que busco, y tal vez no quiera saberlo.
Él quería que me quedase, ¡me lo dijo!
- Soy un cínico. Y puedo ser un gilpollas, no me obligues a serlo.
- Te odio.
- [Se ríe]
Me voy.
- Me voy. [Agarro la puerta pero no puedo]
- No hagas que me arepienta
- Es que quiero que te arrepientas.
Me voy.
Vuelvo.
Le beso.
Cierra la boca.
Me voy.
Estupideces.
...
...
...
Lo hizo por él. Sé que lo hizo por él.
Y desde otro lugar del mundo:
- ¿Me quieres? Necesito saberlo.
- Pues claro que te quiero, te amo.
- Sólo necesitaba oírlo.
domingo, 27 de febrero de 2011
sábado, 26 de febrero de 2011
jueves, 17 de febrero de 2011
... una revolución.
En realidad, no éramos muchos, y ellos lo sabían.
Podríamos haber entrado perfectamete, ni si quiera se habrían dado cuenta de que estábamos allí.
Una lista.
De repente, nuestro lugar de TRABAJO se hizo tremendamente elitista. En realidad lo había sido siempre.
Esa es nuestra sociedad. ¿Quién se atreve a cambiarla? ¿Es que acaso vas a ser TÚ?
Y aunque así fuese... ¿Cómo lo harías? ¿de buenas maneras y con una carta formal, o haciendo la revolución cuando menos lo esperen? o mejor... ¿por qué no nos quedamos en casa tirados viendo la tele?
Podríamos haber entrado perfectamente, ni siquiera se habrían dado cuenta de que estábamos allí.
Podríamos haber entrado perfectamete, ni si quiera se habrían dado cuenta de que estábamos allí.
Una lista.
De repente, nuestro lugar de TRABAJO se hizo tremendamente elitista. En realidad lo había sido siempre.
Esa es nuestra sociedad. ¿Quién se atreve a cambiarla? ¿Es que acaso vas a ser TÚ?
Y aunque así fuese... ¿Cómo lo harías? ¿de buenas maneras y con una carta formal, o haciendo la revolución cuando menos lo esperen? o mejor... ¿por qué no nos quedamos en casa tirados viendo la tele?
Podríamos haber entrado perfectamente, ni siquiera se habrían dado cuenta de que estábamos allí.
martes, 15 de febrero de 2011
... un 14 de febrero.
Una rosa.
Una caja de bombones.
Una comida en un restaurante caro.
Una visita sorpresa.
Un fin de semana por ahí.
Una cena casera romántica.
Un ramo de flores de colores.
Una cama llena de pétalos de rosa.
Un paseo eterno por el retiro.
Una tarjeta enorme hecha a mano.
Un día en el parque de atracciones.
Un montón de globos en forma de corazón.
Una tarjeta anónima con un te quiero.
O que te digan lo mucho que te echan de menos.
¿con cuál te quedarías tú?
Amor... esa extraña palabra.
Una caja de bombones.
Una comida en un restaurante caro.
Una visita sorpresa.
Un fin de semana por ahí.
Una cena casera romántica.
Un ramo de flores de colores.
Una cama llena de pétalos de rosa.
Un paseo eterno por el retiro.
Una tarjeta enorme hecha a mano.
Un día en el parque de atracciones.
Un montón de globos en forma de corazón.
Una tarjeta anónima con un te quiero.
O que te digan lo mucho que te echan de menos.
¿con cuál te quedarías tú?
Amor... esa extraña palabra.
sábado, 12 de febrero de 2011
... un leñador.
Era fuerte y vigoroso.
Tenía 25 años.
Toda la vida había querido ser lo que es: leñador.
Trabajaba día tras día.
Le gustaba trabajar.
Cuando le apetecía fumar, fumaba.
Cuando le apetecía beber, bebía.
Cuando le apetecía ir a ver a otros leñadores, iba.
Cuando le apetecía escuchar música, la escuchaba.
Cuando le gustaba una chica, iba a por ella.
Cuando le rechazaba una chica, se resignaba.
Cuando le apetecía gritar, gritaba.
Cuando le apetecía dar patadas, daba patadas.
Cuando le apetecía pujar troncos, los pujaba.
Y cuando no, NO.
Ella era alegre y pequeña.
Tenía apenas 7 años menos que él.
Toda la vida había querido ser lo que es: jardinera.
Trabajaba día tras día.
Le gustaba trabajar.
Cuando le apetecía observar, observaba.
Cuando le apetecía aparecer, aparecía.
Cuando le apetecía ir a ver flores, iba a ver flores.
Cuando le apetecía escuchar música, escuchaba música.
Cuando le gustaba un chico, le conseguía.
Cuando venía otro, le rechazaba.
Cuando le apetecía gritar, gritaba.
Cuando le apetecía cantar, cantaba.
Cuando le apetecía podar plantas, las podaba.
Y cuando no, NO.
Un día, algo que el leñador no esperaba le dejó estupefacto: la chica que le rechazó apareció a pedirle su opinión sobre su punto común.
Él dijo que se la daría en cuanto pudiese.
La chica apareció un día normal mientras cortaba leña. El día anterior había cortado los mejores troncos de toda la comarca, pero ese día... ese día, solo logró partir unas pequeñas ramas.
Ella estaba estupefacta. Pero él estaba avergonzado.
Al día siguiente le pidió disculpas por el espantoso ridículo que había hecho el día anterior. Ella se rió y le dió un fuerte abrazo. Él, suspiro y se lo devolvió. Ella le ofreció una barrita de chocolate y él a ella un cigarrillo.
Ella no aceptó su cigarrillo, pero él si aceptó el chocolate.
Se despidieron. Cada uno seguía su camino y ella, a lo lejos le gritó con una enorme sonrisa: ¡Todavía estoy esperando una respuesta!
El leñador se rió.
Y aún está pensando qué contestarle, cómo contestarle, y cuándo contestarle.
(Aunque tal vez... ella también esté pensando en el momento en que lo haga)
Tenía 25 años.
Toda la vida había querido ser lo que es: leñador.
Trabajaba día tras día.
Le gustaba trabajar.
Cuando le apetecía fumar, fumaba.
Cuando le apetecía beber, bebía.
Cuando le apetecía ir a ver a otros leñadores, iba.
Cuando le apetecía escuchar música, la escuchaba.
Cuando le gustaba una chica, iba a por ella.
Cuando le rechazaba una chica, se resignaba.
Cuando le apetecía gritar, gritaba.
Cuando le apetecía dar patadas, daba patadas.
Cuando le apetecía pujar troncos, los pujaba.
Y cuando no, NO.
Ella era alegre y pequeña.
Tenía apenas 7 años menos que él.
Toda la vida había querido ser lo que es: jardinera.
Trabajaba día tras día.
Le gustaba trabajar.
Cuando le apetecía observar, observaba.
Cuando le apetecía aparecer, aparecía.
Cuando le apetecía ir a ver flores, iba a ver flores.
Cuando le apetecía escuchar música, escuchaba música.
Cuando le gustaba un chico, le conseguía.
Cuando venía otro, le rechazaba.
Cuando le apetecía gritar, gritaba.
Cuando le apetecía cantar, cantaba.
Cuando le apetecía podar plantas, las podaba.
Y cuando no, NO.
Un día, algo que el leñador no esperaba le dejó estupefacto: la chica que le rechazó apareció a pedirle su opinión sobre su punto común.
Él dijo que se la daría en cuanto pudiese.
La chica apareció un día normal mientras cortaba leña. El día anterior había cortado los mejores troncos de toda la comarca, pero ese día... ese día, solo logró partir unas pequeñas ramas.
Ella estaba estupefacta. Pero él estaba avergonzado.
Al día siguiente le pidió disculpas por el espantoso ridículo que había hecho el día anterior. Ella se rió y le dió un fuerte abrazo. Él, suspiro y se lo devolvió. Ella le ofreció una barrita de chocolate y él a ella un cigarrillo.
Ella no aceptó su cigarrillo, pero él si aceptó el chocolate.
Se despidieron. Cada uno seguía su camino y ella, a lo lejos le gritó con una enorme sonrisa: ¡Todavía estoy esperando una respuesta!
El leñador se rió.
Y aún está pensando qué contestarle, cómo contestarle, y cuándo contestarle.
(Aunque tal vez... ella también esté pensando en el momento en que lo haga)
miércoles, 9 de febrero de 2011
... un recuerdo.
Eran las 10:30 de un miércoles. Yo me disponía a prepararme: espacio, vestuario, conflicto en marcha, imágenes, actividad... ACTIVIDAD.
Dar-recibir.
Acción-reacción.
Decidir.
Escoger.
Elegir.
Nervios.
Emoción.
Lágrimas.
Él se reía. Se reía. Concentración. Y se reía.
-¿Estás bien?
-Sí, sí; es que... bueno nada. Luego os cuento.
Actividad.
Dar-recibir.
Acción-reacción.
Decidir.
Escoger.
Elegir.
Nervios.
Emoción.
Lágrimas.
Y entonces dijo: Parad
Y echó a reir.
La misma actividad. La misma situación.
Actividad.
Dar-recibir.
Acción-reacción.
Decidir.
Escoger.
Elegir.
Nervios.
Emoción.
Lágrimas.
Pero la actividad acabó y él no sabía que hacer. BLOQUEADO.
Sin actividad.
Sin recibir.
Sin reaccionar.
Sin decidir.
Sin escoger.
Sin elegir.
Con nervios.
Sin emoción.
Sin lágrimas.
Con MUCHOS nervios.
Entonces.... el esperado recuerdo de 65 años se levantó y preguntó:
-¿Has acabado tu actividad?
-Sí
-¿Estás segura?
-Sí
Se levanta con sus 65 años, y sin despegar sus ojos de su objetivo, coje el abalorio, y se lo entrega.
-AHORA, has acabado.
Un recuerdo... que ahora más que NUNCA, perdurará para siempre.
Una y otra vez.
Dar-recibir.
Acción-reacción.
Decidir.
Escoger.
Elegir.
Nervios.
Emoción.
Lágrimas.
Él se reía. Se reía. Concentración. Y se reía.
-¿Estás bien?
-Sí, sí; es que... bueno nada. Luego os cuento.
Actividad.
Dar-recibir.
Acción-reacción.
Decidir.
Escoger.
Elegir.
Nervios.
Emoción.
Lágrimas.
Y entonces dijo: Parad
Y echó a reir.
La misma actividad. La misma situación.
Actividad.
Dar-recibir.
Acción-reacción.
Decidir.
Escoger.
Elegir.
Nervios.
Emoción.
Lágrimas.
Pero la actividad acabó y él no sabía que hacer. BLOQUEADO.
Sin actividad.
Sin recibir.
Sin reaccionar.
Sin decidir.
Sin escoger.
Sin elegir.
Con nervios.
Sin emoción.
Sin lágrimas.
Con MUCHOS nervios.
Entonces.... el esperado recuerdo de 65 años se levantó y preguntó:
-¿Has acabado tu actividad?
-Sí
-¿Estás segura?
-Sí
Se levanta con sus 65 años, y sin despegar sus ojos de su objetivo, coje el abalorio, y se lo entrega.
-AHORA, has acabado.
Un recuerdo... que ahora más que NUNCA, perdurará para siempre.
Una y otra vez.
jueves, 3 de febrero de 2011
... una zorra.
A todas las mujeres les gusta SER QUERIDAS por los hombres.
Nos ENCANTA zorrear.
Y cualquier persona que lo niegue, MIENTE.
Nos ENCANTA zorrear.
Y cualquier persona que lo niegue, MIENTE.
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