Tenía apenas 18 años. No sabía lo que era ser. No sentía lo que era sentir. Creía hacerlo, pero no. Su vida era lo más preciado que tenía, y estaba dispuesta a machacarla, a deshacerla, a destrozarla, a hacerla pedacitos. Pero no, eso no era sentir. Eso no era ser.
Si no eres, no sientes.
Pero... y si no sientes ¿no eres?
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