domingo, 27 de febrero de 2011

... una gran duda. Tan grande, que era LA duda.

Esta vez él tenía 22.




No nos conocíamos absolutamente de nada. Pero nos miramos. Nos miramos, de una forma que no me había mirado con nadie. Todo empezó a difuminarse a nuestro alrededor. La gente, la música, la luz, el tiempo ... . Todo desapareció. Todo excepto él. Sus ojos, su mirar, sus gestos, su sonrisa (solo sonrisas), sus palabras, su pelo, su boca.
Sus ojos lloraban, mis ojos brillaban.
La parte inferior derecha de su iris, su pupila dilatada, el reflejo de la luz.
No parábamos de mirarnos. Solo existíamos él y yo. Nada más.
Y entonces, de repente, nos conocimos. Nos desnudamos ante el otro. Sacamos todos nuestros miedos, todos nuestros secretos, nuestras pasiones y nuestros deseos.
Y nuestras narices se rozaron.
- ¿Serías capaz de besarme sin apartar la mirada?
- No lo sé, pero puedo intentarlo.
Y nuestros labios se rozaron.
Y nuestros labios se abrieron.
Y nuestros labios se besaron.
Y reímos. Tablas.

Una mirada, solo una mirada.
Fundirse, ser uno, que no exista nada más.

Pero "él no es especial", "sólo es una visita y se irá, no puede ser parte de mi vida", "tendrá más cuidado la próxima vez".

Cuando se lo dije me correspondió, pero el frío me rechazó. No quería tener "cápsulas".
- Aprovechemos la cápsula en la que estamos.
- No, todo tiene su tiempo.

- Si quieres que me vaya me iré.
- No quiero que te vayas.
- Me voy.
- ...
- ... No puedo.
- ¿Por qué te resulta tan difícil? ¡Sólo soy una visita!
- [¿Por qué a ti te resulta tan fácil? ¿Es que no sentistes nada acaso?] No lo sé.

Repiración fuerte y rápida. Corazón a mil. Calor asfixiante. Movimiento.
- Tienes novio.
- Lo sé, no me importa.
- Así no vas a encontrar lo que buscas.
- A lo mejor sólo busco un polvo.
- No buscas un polvo.


Él no quería sentir nada más. No se atrevía a mirarme.
- ¿Por qué no me miras?
- Me gusta tener los ojos cerrados.
- No. Tienes miedo a mirarme.
- ... No debí mirarte tan pronto.


Lo estaba pasando fatal, pero estaba en la gloria.
- Me voy.
- No lo parece.
- Hay algo que no me deja. No sé lo que es.
- No vas a encontrar lo que buscas.
- Tampoco se lo que busco, y tal vez no quiera saberlo.

Él quería que me quedase, ¡me lo dijo!
- Soy un cínico. Y puedo ser un gilpollas, no me obligues a serlo.
- Te odio.
- [Se ríe]


Me voy.
- Me voy. [Agarro la puerta pero no puedo]
- No hagas que me arepienta
- Es que quiero que te arrepientas.

Me voy.
Vuelvo.
Le beso.
Cierra la boca.
Me voy.
Estupideces.
...
...

...

Lo hizo por él. Sé que lo hizo por él.



Y desde otro lugar del mundo:
- ¿Me quieres? Necesito saberlo.
- Pues claro que te quiero, te amo.
- Sólo necesitaba oírlo.

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