martes, 18 de junio de 2013

... un viaje sin vuelta atrás.

Las señales indican Francia.
Ni una ciudad ni otra, sino Francia.

Y yo rodeada de personajes.
Mientras busco cuales serían mis últimas palabras, ellos van a buscarse la vida. Que irónico.
Europeos decadentes, sudamericanos repudiados, algún que otro hindú, que no consigo imaginar que está haciendo aquí y una pequeña oriental a la que si le preguntas, resulta ser australiana. Se llama Lis. Y luego estoy yo.

Las señales indican Francia.

Hay niños, adultos, y padres muy niños adultos a la fuerza. Al parecer ninguno sabe (o puede) combinar colores. Todos llevan sandalias. Menos yo. Y hace un calor horrible. El conductor ya no sabe
en que idioma decir que no se puede comer ni ponerse de pie. Lo del cinturón ya ni lo intenta.

Las señales indican Francia.

Un rumano viene de Valencia y va a París. Parece ser el animador del viaje, ya "casi consigue" llevarse a la cama a 6 de las chicas del autocar. Y ahora me pregunta si escribo un libro en un castellano perfecto.

-¿Un libro? ¿Yo? ¡Ojalá! Pero no me da la cabeza para tanto.
-Y entonces ¿qué escribes? ¿Puedo leerlo?
-No. Sólo son cosas que no quiero olvidar.
-¿Has escrito algo de mi?
-No (mentira). pero puedo hacerlo ¿quieres?
-Pero sólo si me lo dejas leer.
-Está bien.

Y entonces escribo cosas bonitas. De esas que a todos nos gustaría que nos escribiesen. Y él, sorprendido me pregunta que si lo de los ojos ávidos y azules es por él. Claro que es por él. Se lo guarda en el bolsillo y me lo agradece mientras nos despedimos

Las señales indican Francia.
Ni una ciudad ni otra, sino Francia.

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